Los libros de Canteli

17 septiembre 2011

“After dark” de Haruki Murakami

Filed under: 2011,ebook,Ficción — www.danielcanteli.com @ 20:59

por Pedro Jorge Romero el 01/10/2008

Cuando leí After Dark (Tusquets Editores. ISBN: 978-84-8383-101-4. 17,00 €. 256 páginas) por primera vez, hará un año, me quedé con la impresión como si alguien hubiese escrito una novela de Haruki Murakami y luego hubiese retirado cuidadosamente la parte de novela. Y no es una crítica, es un elogio. El resultado se me antojó impresionante y mágico, una especie de obra poética, donde personajes entraban y salían del escenario, se encontraban, hablaban –diciendo más de lo que pretendían- y se separaban. Todo limitado por la noche, desde poco antes de las 12 hasta poco antes de las 7 de la mañana. No importaba tanto lo que pasase después con esos personajes, sino simplemente lo que les había sucedido en su periplo nocturno, que es –estamos hablando de Murakami- un viaje al otro lado.

Releyéndola ahora en español, parte de esa percepción persiste, pero algo más matizada. Muchas de las cuestiones planteadas en la novela no tienen final dentro de la obra, pero alguno detalles muy importantes, relativos a los sentimientos de los personajes, sí que se aclaran. Pero me resultó especialmente llamativo que muchos personajes los recordaba con papeles mucho más importantes y ocupando más espacio en la narración. Sin embargo, no es así. Algunos de los más llamativos aparecen sólo durante unas pocas páginas, pero están tan bien definidos que reclaman más páginas en el recuerdo.

La novela arranca con un narrador –que finge no ser omnisciente y lanza conjeturas continuamente- que nos guía desde las alturas hasta el mundo de la ciudad nocturna. Es la primera de las transiciones al otro lado, habituales en las novelas de Murakami, pero con algunas variaciones. En primer lugar, porque vamos acompañados. En segundo lugar, porque quizá no haya otro lado.

Descendiendo, nos fijamos en una persona como podría haberse escogido a cualquier otra. Se trata de Mari, una joven estudiante que muy tarde ocupa la mesa de un café, leyendo. De pronto, frente a ella se le sienta Takahashi, músico que va a ensayar con su banda. Resulta que Takahashi la ha reconocido: se encontraron unos años antes, en una cita doble con la hermana de Mari, Eri, una joven de espectacular belleza que tiene su propia peculiaridad: lleva dos meses durmiendo continuamente sin querer despertar. En cualquier caso, ellos dos, y casi todas las personas que les rodean, están bloqueados en ese barrio –los trenes han dejado de salir-, barrio que tiene reglas distintas durante la noche.

Y así arranca todo. Los personajes hablan, a medida que ganan confianza examinan sus situaciones vitales y se revelan secretos, se levantan, van a otros sitios, alimentan gatos o se cruzan con otras personas. Como Kaoru, la encargada de un “love hotel” por horas llamado “Alphaville”, que pide ayuda para atender a una prostituta china –de la misma edad que Mari- agredida brutalmente por un cliente. Un cliente que también trabaja en ese mismo barrio y que se afana con sus propias rutinas nocturnas. Y mientras tanto, Eri duerme en su habitación, hasta que ella también pasa al otro lado sin darse cuenta.

La novela está construida con un juego virtuoso de paralelismos y encuentros. Hay personajes que repiten sentimientos expresados por otros, hay encuentros fortuitos y cruces que nadie percibe. Hay marcas de leche que se llaman casi como un personaje. Hay mensajes que no alcanzan a su destinatario pero que valen casi igual para la persona que los recibe. Y se entrevé en varios ocasiones el otro lado, un lugar que percibiríamos si atendiésemos unos segundos al espejo o si nos paseásemos unas horas por un barrio nocturno, donde las reglas son diferentes y el tiempo fluye de otra forma. Es más, incluso es posible que la barrera entre mundos –por ejemplo, las barreras que separan los mundos personales de los protagonistas- no sean tan infranqueables como parecen, que sean tenues hasta rozar la inexistencia, que algo de empatía nos permita comunicarnos. Y una vez pasado al otro mundo, ¿es posible volver siendo la misma persona? ¿Es posible comunicarse y no cambiar tu propio mundo?

After Dark es como un sueño y transcurre en las horas que deberíamos estar soñando. Es una especie de viaje de Alicia, que llega a un lugar distinto que sin embargo refleja su realidad (por salir, incluso sale una peculiar reina de corazones). No sucede nada realmente fantástico, excepto lo que la pasa a Eri, que bien podría ser un sueño propio, pero dentro de una novela de Murakami, los normal es de por sí suficientemente fantástico.

En realidad, After Dark va de algo, pero eso es lo de menos. Es ante todo una experiencia, una novela escrita para disfrutar del hecho de leerla y pasar un tiempo con los seres que la pueblan. La segunda vez tanto como la primera.

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“El último día de Adolf Hitler” de David Solar

Filed under: 2011,Biografía,ebook,No ficción — www.danielcanteli.com @ 20:57

El último día de Hitler
SE DESPIDIÓ de todo el personal del búnker y afirmó: «Hay que aceptar el destino como un hombre». Pidió a su cocinera, Manzialy, que le preparara espaguetis con salsa… El periodista y escritor David Solar reconstruye en su último libro las horas finales de Hitler aquel 20 de abril de 1945

DAVID SOLAR

En primer plano, Adolf Hitler, la última vez que salió de su búnker, el 20 de abril de 1945, fecha de su 56 cumpleaños. Diez días más tarde se suicidó de un disparo en la cabeza.

La última vez que vio la luz del día fue el 20 de abril. Con ocasión de su 56 cumpleaños, se dispuso una ceremonia de condecoraciones en el jardín de la Cancillería. Estaba anfermo y envejecido, aparentaba 20 años más. «Encorvado, con la cara abotargada y de un enfermizo color rosáceo… Su mano izquierda temblaba tan violentamente que comunicaba los espasmos a todo su cuerpo…En cierto momento intentó llevarse un vaso de agua a los labios, pero la mano derecha le temblaba de tal manera que tuvo que abandonar el intento…», recordó en sus declaraciones en Nuremberg uno de los presentes.

También sufría espasmos en la pierna izquierda y cuando esto sucedía debía sentarse. Arrastraba los pies y jadeaba en cuanto recorría unos metros. En el atentado de Von Stauffenberg en Rastenburg, en julio de 1944, sufrió importantes daños en los oídos, por lo que sufría mareos y sus andares parecían los de un borracho.

Soñando, temblando de cólera, dando órdenes, haciendo grandiosos planes militares y arquitectónicos, pasó sus últimos 10 días.En el último instante decidió casarse con Eva Braun, su amante desde 1930 y dictar testamento, cuyo mayor énfasis consistía en la defensa de su obra, la justificación de su antisemitismo y en la designación de un Gobierno que mantuviera las hostilidades.

De los momentos finales se conserva una narración muy minuciosa.Hubo una despedida formal de todo el personal del búnker. Una enfermera soltó un histérico discurso, pronosticándole la victoria.Hitler la interrumpió con voz ronca: «Hay que aceptar el destino como un hombre», y siguió estrechando manos.

A mediodía acudió a la conferencia militar. El general Mohnke le comunicó que la infantería soviética presionaba desde el norte y el sur, tratando de cortar en dos el centro de la ciudad, lo único que aún se defendía.

La artillería soviética se había concedido algún respiro por falta de blancos. La inundación de los túneles del metro había frenado a los soviéticos durante unas horas, pero a costa de la vida de millares de berlineses que estaban refugiados en los andenes. Tras el resumen de la situación, Hitler se quedó a solas con Goebbels y Bormann y les comunicó que se suicidaría aquella tarde.

Luego llamó al coronel Günsche. Le ordenó que una hora más tarde, a las tres en punto, se hallase ante la puerta de su despacho.Él y su esposa se quitarían la vida; cuando esto hubiera ocurrido, el coronel se cercioraría de que estaban muertos y, en caso de duda, les remataría con un disparo de pistola en la cabeza. Después se ocuparía de que sus cadáveres fueran conducidos al jardín de la Cancillería, donde Kempka y Baur deberían haber reunido 200 litros de gasolina, según les encargara la víspera, que servirían para reducir ambos cuerpos a cenizas. «Deberá usted comprobar que los preparativos han sido hechos de manera satisfactoria y de que todo ocurra según le he ordenado. No quiero que mi cuerpo se exponga en un circo o en un museo de cera o algo por el estilo.Ordeno, también, que el búnker permanezca como está, pues deseo que los rusos sepan que he estado aquí hasta el último momento».

Luego le visitó Magda Goebbels, que mostraba en su rostro las huellas del sufrimiento, no sólo porque su marido y ella habían resuelto suicidarse, matando previamente a sus seis hijos. Magda, de rodillas, le imploró que no les abandonara. Hitler le explicó que si él no desaparecía, Doenitz no podría negociar el armisticio que salvara su obra y Alemania. Magda se retiró mientras escuchaba el bullicio de sus hijos en las mínimas habitaciones de la primera planta.

Hacia las 14.30, Hitler decidió comer. Eva, pálida y elegante, con su vestido azul de lunares blancos, medias de color humo, zapatos italianos marrones, un reloj de platino con brillantes y una pulsera de oro con una piedra verde, le acompañó hasta el comedor; él vestía un traje negro, con calcetines y zapatos a juego; la nota de color la ponía su camisa verde claro. Eva le dejó ante la puerta del comedor y prefirió volver a sus habitaciones, pues no tenía apetito.

En aquel almuerzo postrero acompañaron al Führer las dos secretarias que habían permanecido en el búnker, Frau Traudl Junge y Frau Gerda Christian y su cocinera vegetariana, Fräulein Manzialy.Fue un almuerzo muy frugal, muy rápido y silencioso. Comieron espaguetis con salsa, en unos pocos minutos y ninguna de las supervivientes recordaba que se hubiera dicho allí una sola palabra.

Terminado el almuerzo, Hitler regresó a sus dependencias, pero en el pasillo se encontró una nueva despedida: sus colaboradores más íntimos le dieron entonces el último adiós. Luego se retiró a sus habitaciones con Eva.

Cuando todos estaban esperando el estampido de un disparo, oyeron voces ahogadas en el pasillo. Magda Goebbels realizaba el último intento desesperado de salvar su mundo, de salvar sobre todo, a sus hijos y forcejeaba con el gigantesco Günsche, que medía casi dos metros, para entrar en el despacho de Hitler.

No logró vencer la oposición del gigante, pero consiguió que transmitiera al Führer un último recado: «Dígale que hay muchas esperanzas, que es una locura suicidarse y que me permita entrar para convencerle».

Günsche penetró en la habitación. Hitler se hallaba de pie, junto a su mesa de despacho, frente al retrato de Federico II. Günsche no vio a Eva Braun, y supuso que se hallaría en el cuarto de baño, pues oyó funcionar la cisterna. Hitler respondió fríamente: «No quiero recibirla». Esas fueron las últimas palabras que se conservan de Hitler. Diez o quince minutos más tarde, entre las 15.30 y las 16.00 horas de aquel 30 de abril de 1945, ya estaba muerto.

Se suicidó de un tiro en la cabeza mientras rompía con los dientes una cápsula de cianuro. Eva Braun murió a su lado tras masticar una ampolla de veneno.

DESENLACE INEVITABLE
La situación a la que había llegado la guerra no le ofrecía más que dos posibilidades: entregarse al enemigo o acabar convertido en cenizas, como finalmente hizo. A comienzos de enero de 1945, la derrota alemana en la Segunda Guerra Mundial era cuestión de semanas. El último contraataque de la Wehrmacht había fracasado en Las Ardenas y los aliados se dirigían hacia el Rhin, mientras en el este, millón y medio de soldados soviéticos arrollaba las defensas alemanas en Polonia y Prusia.

Hitler, sin embargo, se resistía a aceptarlo. Regresó a Berlín desde el Nido del Águila, uno de sus múltiples cuarteles generales, enclavado en los Alpes bávaros. El 16 de enero, su tren cruzó decenas de estaciones en ruinas y sufrió demoras que le parecieron intolerables, debidas a la destrucción sembrada por los aliados.

La Cancillería, muy dañada, disponía de un refugio contra ataques aéreos, que mostró su utilidad cuando los ingleses comenzaron a bombardear Berlín, pero en 1944 se había quedado pequeño y débil ante la frecuencia y la violencia de los bombardeos angloamericanos.Por eso, en el verano de 1944, tras el desembarco de Normandía, Albert Speer recibió la orden de construir otro bajo el jardín del edificio desde el que el Führer pudiera dirigir la guerra, aun en medio de los ataques aéreos más devastadores.

Tenía dos plantas de unos 20 por 11 metros; en la superior vivían el servicio, los ayudantes militares y las secretarias de Hitler y se hallaban la cocina, el comedor, los aseos y el trastero.Cuando Berlín quedó cercado, el Führer invitó a Joseph y Magda Goebbels a que se trasladasen a su refugio con sus seis hijos.

En la inferior se hallaba el piso de Hitler. También la central telefónica. Ésta era la mejor de Berlín y Hitler pudo comunicarse en cuestión de minutos con todos los frentes. Disponía, mediante antenas acopladas a un globo cautivo, de una instalación de radioteléfono de VHF.

El búnker tenía su propio generador eléctrico y de reservas de agua, de modo que nunca se vio afectado por los cortes originados por los bombardeos. Los cuartos de baño, la ventilación y la calefacción funcionaban bien, aunque la atmósfera siempre estaba demasiado cargada, la humedad era muy alta y el olor resultaba desagradable.

El conducto por el que penetraba el aire estaba equipado con filtros para impedir el paso de la mayoría de los gases conocidos.Tan seguro era el sistema que el propio Speer, que pensó eliminar a Hitler entre febrero y marzo de 1945 introduciendo un veneno por los respiraderos, hubo de desistir cuando éstos fueron elevados, de manera que resultaba imposible meter algo por ellos.

Pese a estas medidas de seguridad, Hitler tuvo inicialmente un terror cerval a quedar enterrado en aquel subterráneo. Cada vez que sonaba la alarma aérea bajaba malhumorado y dentro de aquella estructura, que vibraba a cada explosión de las bombas, palidecía de miedo. Ese peligro, no obstante, era mayor en la superficie, de modo que, a finales de febrero de 1945, comenzó a pasar las noches en el gran refugio, al que se terminó acostumbrando hasta establecerse permanentemente en él.

Hasta el 20 de abril, fecha de su último cumpleaños y del completo cerco de Berlín por los rusos, el búnker era un lugar muy frecuentado y resultaba normal hallar en su gran pasillo a numerosos militares y políticos aguardando ser recibidos por el Führer. Tras el cerco de la capital, las visitas fueron escasas y la vida dentro del refugio, tan rutinaria como especial.

Hitler se acostaba muy tarde, a las tres o cuatro de la madrugada, y se levantaba también muy tarde, entre las 10.00 y las 11.00 horas; el personal militar de la primera planta se acostaba en torno a la medianoche, terminada la última reunión de guerra de cada día, y se levantaba hacia las siete.

En aquella atmósfera enrarecida, en permanente compañía de sus más fieles colaboradores de última hora, Bormann y Goebbels, Hitler vivió sus dos últimos meses en un clima irreal, esperando victorias imposibles y emitiendo órdenes absurdas pero que, eso sí, costaron millares de vidas.

David Solar es director de la revista «La Aventura de la Historia» y autor del libro «El último día de Adolf Hitler», recién publicado por La Esfera

“Pongamos que hablo de Joaquín” de Joaquín Carbonell

Filed under: 2011,Biografía,No ficción,Propio — www.danielcanteli.com @ 20:55

Una tarde de domingo de 1978, un año después de regresar de su exilio en Londres, Joaquín Sabina se llegó hasta el Colegio de Ingenieros de Madrid, donde Joaquín Carbonell ofrecía un concierto, y al final de éste se acercó a saludarlo. Desde ese día se vieron con frecuencia, cantaron a Brassens un par de veces en La Mandrágora y alimentaron una amistad que va y viene con el tiempo. Pongamos que hablo de Joaquín es un intento por acercarse a la deslumbrante personalidad del cantautor español más aplaudido. Joaquín Sabina es un fenómeno que supera el estricto ámbito de la música. Considerado como el autor que ha aportado una nueva dimensión a la música popular en lengua castellana, su reconocimiento en España y América Latina supera todas las previsiones. Joaquín Carbonell también es cantautor. Y periodista. Y conoce a Sabina desde 1978. Desde entonces ha compartido muchos momentos de la vida de éste. Ha asistido a numerosos conciertos y ha sido testigo del nacimiento de una carrera artística deslumbrante. Este libro ha sido elaborado a lo largo de tres años y supone una aproximación documentada y rigurosa a la vida del cantautor de Úbeda. Pero además aporta la mirada personal de otro cantautor como el propio Carbonell. Pongamos que hablo de Joaquín incluye el testimonio original de numerosos amigos y colegas de Sabina, de quienes lo han conocido en sus facetas laboral y profesional y también de quienes forman o han formado parte de su círculo más íntimo. El resultado es un retrato que nos ayudará a descubrir cada rincón de este creador irrepetible, complejo y desconcertante, admirado, odiado, envidiado y, sobre todo, idolatrado por millones de admiradores en todo el mundo.

“Riña de gatos” de Eduardo Mendoza

Filed under: 2011,ebook,Ficción — www.danielcanteli.com @ 20:53

Un inglés llamado Anthony Whitelands llega a bordo de un tren al Madrid convulso de la primavera de 1936. Deberá autenticar un cuadro desconocido, perteneciente a un amigo de José Antonio Primo de Rivera, cuyo valor económico puede resultar determinante para favorecer un cambio político crucial en la historia de España. Turbulentos amores con mujeres de distintas clases sociales distraen al crítico de arte sin darle tiempo a calibrar cómo se van multiplicando sus perseguidores: policías, diplomáticos, políticos y espías, en una atmósfera de conspiración y de algarada.

Las excepcionales dotes narrativas de Eduardo Mendoza combinan a la perfección la gravedad de los sucesos narrados con la presencia, muy sutil, de su conocido sentido del humor, ya que toda tragedia es también parte de la comedia humana.

“Excusas para no pensar” de Eduard Punset

Filed under: 2011,ebook,Ensayo,No ficción — www.danielcanteli.com @ 20:52

Desde el cómo empezó todo al compendio de fórmulas que nos ayuden a ser más felices en un mundo mejor, pasando por las claves de nuestras emociones, la complejidad del cerebro o los secretos de la Tierra, Eduard Punset aporta sus reflexiones claras, amenas y comprensibles en torno a esas siempre palpitantes cuestiones. Y, además, amplía su campo de respuestas a ámbitos que hoy nos preocupan especialmente a todos, como la crisis económica y la incidencia de la política en el día a día de los ciudadanos. Hoy, más que nunca, no hay excusas para no pensar.

“El baile” de Irene Nemirovsky

Filed under: 2011,ebook,Ficción — www.danielcanteli.com @ 20:51

Leí este libro ayer por la tarde disfrutando de un par de horitas sin nada que hacer, después de la pesadilla de exámenes y notas de los últimos días, y aún sigo “trastornada” por la historia. En apenas 100 páginas (menos en realidad, pues la fuente utilizada en la edición de Salamandra es de gran tamaño), Némirovsky narra con una maestría formidable una relación enferma entre una madre y su hija, con el telón de fondo que le proporciona la hipocresía de una clase social -la de los nuevos ricos- que está dispuesta a cualquier cosa por hacerse un hueco en la alta sociedad.

La familia Kampf prepara un baile por todo lo alto para entablar relaciones con la aristocracia y la alta burguesía parisinas, después de que la suerte les haya sonreído y hayan pasado de vivir prácticamente en la miseria a disfrutar de un estatus social más que acomodado. Desde la óptica engreída de quienes creen tenerlo todo, los Kampf planean el baile con gran esmero, asegurándose de que todos los invitados queden deslumbrados ante la riqueza y buen gusto de los anfitriones. Antoinette, la hija adolescente del matrimonio, asiste al espectáculo de preparativos e invitaciones con la ilusión de que la dejen participar, ilusión que se ve rápidamente truncada cuando su madre le comunica que ella no podrá asistir al baile. Reproduzco un retazo de la conversación porque es digno de la más malvada madrastra de Cenicienta:
“¡Pero bueno! asistir al baile esta chiquilla, esta mocosa, ¡habrase visto!… Espera y verás cómo hago que se te pasen todos esos delirios de grandeza, niña… ¡Ah!, y encima crees que vas a presentarte “en sociedad” el año que viene. ¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza? ¡Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo, ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera… No sé por qué no te doy un buen tirón de orejas para quitarte esas ideas…”
Son palabras punzantes, de esas que se clavan y te dejan sin aliento, encogida de dolor… Así se queda Antoinette al escucharlas, alimentando en su interior un odio creciente hacia su madre y hacia el mundo de los adultos en general. La venganza de la niña será implacable, y se desencadenará con un simple gesto, más impulsivo que premeditado, que ocasionará a su madre un enorme sufrimiento y arruinará todos sus planes de entroncar con la alta sociedad.
Todos los personajes son sombríos en esta oscura trama. La madre, reconcomida por el dolor de haber pasado sus años de juventud en la pobreza, ve cómo ahora que tiene dinero su lozanía se le escurre entre los dedos; el padre, tan anodino como cruel con su esposa; la hija, vengativa y llena de odio hacia todos, incluso hacia ella misma…. Némirovsky ha construido un puzzle corrosivo sobre la hipocresía de la sociedad en la que ella debió moverse cuando llegó a París, en 1919. Ella misma tuvo una infancia infeliz y solitaria, y el personaje de Antoinette parece ser una perfecta transfiguración de la escritora, tan lejos de sus padres como la joven Kampf de los suyos.

Las críticas han elogiado esta pequeña obra maestra, que se agota mucho antes de lo que el lector desearía. Cruel, apasionado, o duro como el cristal, son algunos de los calificativos que El baile ha recibido. Para mí ha sido una aventura, breve e intensa, hacia el lado más oscuro del alma humana. La historia se te queda agarrada con fuerza, es difícil desprenderse de ella. Al cerrar el libro, una no puede dejar de ver a Antoinette sonriendo, deleitándose en su pequeña venganza. Siendo extrañamente feliz, aunque sea por un breve lapso de tiempo.

Fuente: http://perdidaentrelibros.blogspot.com/2007/06/irne-nmirovsky-el-baile.html

“En silencio” de Frank Schatzing

Filed under: 2011,ebook,Ficción — www.danielcanteli.com @ 20:49

Frank Schätzing, con En silencio, nos introduce de lleno en el mundo del terrorismo internacional y las conspiraciones.
Liam O’Connor, físico irlandés candidato al premio Nobel, viaja a Colonia (Alemania) y un encuentro casual con un antiguo compañero de universidad le hará sospechar que algo se cuece con motivo de la cumbre internacional que allí se celebra. O’Connor, con su peculiar forma de ser, un auténtico House en el campo de la física, medio alcohólico, prepotente, impertinente, maleducado… y rico, muy rico, descubrirá una trama para atentar contra el presidente de los Estados Unidos, con un arma tan sofisticada que parece salida de la mismísima Guerra de las galaxias. Su experiencia en el campo de la física, sobre todo en lo referente a la luz, le ayudará a desvelar la conspiración.

Relato plagado de interesantes personajes, Jana (Sonja Cosic, Cordula Malik, Laura Firidolfi), Mirko, Wagner, Lavallier, Kuhn… de los cuales me quedo con Jana, sin duda, hasta el punto de que al final me acabó cayendo bien.

Al igual que en El quinto día, Frank Schätzing introduce conceptos técnico-científicos en su relatos que hacen sus historias más que creíbles, disfrutando mucho más de su lectura.

Incluye al final un apéndice donde Frank Schätzing explica los temas en torno a los cuales gira la trama, como complemento a su comprensión, tales como el conflicto de Kosovo, el terrorismo, la mafia rusa, Estados Unidos e incluso el whisky.

Fuente:  http://nopuedoparardeleer.blogspot.com/2008/11/en-silencio-frank-schtzing.html

“1Q84 (libros 1y2)” de Murakami

Filed under: 2011,ebook,Ficción,Obra maestra — www.danielcanteli.com @ 20:47

En japonés, la letra q y el número 9 son homófonos, los dos se pronuncian kyu, de manera que 1Q84 es, sin serlo, 1984, una fecha de ecos orwellianos. Esa variación en la grafía refleja la sutil alteración del mundo en que habitan los personajes de esta novela, que es, también sin serlo, el Japón de 1984. En ese mundo en apariencia normal y reconocible se mueven Aomame, una mujer independiente, instructora en un gimnasio, y Tengo, un profesor de matemáticas. Ambos rondan los treinta años, ambos llevan vidas solitarias y ambos perciben a su modo leves desajustes en su entorno, que los conducirán de manera inexorable a un destino común. Y ambos son más de lo que parecen: la bella Aomame es una asesina; el anodino Tengo, un aspirante a novelista al que su editor ha encargado un trabajo relacionado con La crisálida del aire, una enigmática obra dictada por una esquiva adolescente. Y, como telón de fondo de la historia, el universo de las sectas religiosas, el maltrato y la corrupción, un universo enrarecido que el narrador escarba con precisión orwelliana.

1Q84 es muy probable que termine por convertirse en la obra maestra de Murakami. 1Q84 es un libro asombroso. Está escrito por un autor en la cima de su maestría, en plena posesión de todos los recursos de la narración, de la expectativa de la emoción, del misterio, de la imagen. Avanza lento y poderoso, sin perder jamás el ritmo, siempre subyugante, cada vez más intrigante, creando un laberinto narrativo a cuyo encanto y atractivo resulta imposible sustraerse. La entrevista entre Aomame y el líder de la secta es, quizá, la conversación más impresionante de toda su obra y, aunque una comparación con Dostoievski en la actualidad nos parezca absurda, es posible que dentro de ciento cincuenta años, cuando Murakami sea un gran clásico rodeado de un aura semidivina como lo es hoy Dostoievski, no lo parezca tanto.
Andrés Ibánez, Abc Cultural

1Q84 es una de las mejores novelas que hasta ahora ha publicado Murakami, una obra asombrosa. Murakami va introduciendo al lector en una historia que, poco a poco, acaba revelando una arquitectura compleja, compuesta por pequeñas intrigas que, en su conjunto, conforman un mapa invisible de fronteras infinitas, cuyo telón de fondo, 1984, el año que precisamente Orwell imaginó en 1948, resplandece en la noche de los tiempos como una pesadilla atroz.
Diego Gándara, La Razón

1Q84 ha causado un furor comercial en Japón como no se veía desde Tokio Blues (Norwegian Wood), y sin ninguna campaña de marketing detrás… despliega una mitología compleja que entronca con series como Perdidos o Fringe.
Antonio Lozano, La Vanguardia Magazine

Toda la magia de Murakami está en este ‘thriller’ fantástico. 1Q84 seduce y deja al lector expectante ante su ‘continuará’. La intriga mantiene la tensión durante las casi 800 páginas. Lo mejor que puede hacer el lector es entregarse a la magia de la pluma de Murakami y sumergirse en el ensoñado mundo de 1Q84.
Carlos Martínez Shaw, El Periódico

Por fin, el Murakami más esperado. Un Murakami “mayor”. Satisfará a sus seguidores, que desde hace tiempo esperaban su traducción. Original, ambiciosa y de gran compromiso moral, la obra en la que reverbera su singular universo… Leer a Murakami es una experiencia transformadora, es adentrarse en un bosque, bajar a un pozo, pasear por un sueño, cavar una zanja…
Antonio Lozano, Culturas de La Vanguardia

Toda la magia de Murakami está en este ‘thriller’ fantástico. 1Q84 seduce y deja al lector expectante ante su ‘continuará’. La intriga mantiene la tensión durante las casi 800 páginas. Lo mejor que puede hacer el lector es entregarse a la magia de la pluma de Murakami y sumergirse en el ensoñado mundo de 1Q84.
Carlos Martínez Shaw, El Periódico

Por su capacidad para absorber la atención del lector, por su tratamiento de la insondable oscuridad del ser humano, por su afición a retorcer las leyes de la física y por sus escarceos para empujar los límites narrativos hasta rincones ignotos, 1Q84 parece querer modelar en términos literarios lo que la idea de un “horizonte de sucesos” sugiere a todos aquellos lectores-soñadores que no están familiarizados con la cosmología. La conjugación de preceptos narrativos de Lewis Carroll y Antón P. Chéjov, en la senda de 2666 de Bolaño y Millennium de Stieg Larsson.
Antonio Lozano, Culturas de La Vanguardia

“He dicho” de Andreu Buenafuente

Filed under: 2011,Biblioteca,Ficción — www.danielcanteli.com @ 20:45

Andreu Buenafuente se ha ganado el reconocimiento del público no sólo como humorista, sino como analista de la realidad que ha sabido definir un estilo propio. El plan Ibarretxe, el carnet por puntos, la discusión de la LOE, el nacimiento de la infanta Leonor y el debate en torno al Estatut son algunos de los temas que Buenafuente aborda en estos monólogos.
Ninguno de estos acontecimientos, ni aquellos otros que han tenido repercusión mundial -la boda de Carlos de Inglaterra y Camila Parker Bowles, la muerte del papa Juan Pablo II, la gripe aviar- ha quedado fuera de la mirada divertida y mordaz de Buenafuente.

“Soldados de Salamina” de Javier Cercas

Filed under: 2011,Biblioteca,Ficción,Uncategorized — www.danielcanteli.com @ 20:42

En los últimos meses de la Guerra Civil española, un miliciano anónimo perdona la vida a un prófugo Sánchez Mazas, escritor e ideólogo falangista.

Un joven periodista topa por casualidad con una historia fascinante de la Guerra Civil española, y se propone reconstruirla. Cuando las tropas republicanas se retiran hacia la frontera francesa, camino del exilio, deciden fusilar a un grupo de presos franquistas, entre los que se encuentra Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de Falange. En la confusión, Sánchez Mazas logra huir del fusilamiento colectivo, y logrará vivir emboscado hasta el final de la guerra, protegido por un grupo de campesinos de la región, aunque siempre recordará al miliciano de extraña mirada que, tras descubrirlo y encañonarlo, no lo delató. El narrador se propone desentrañar el secreto del enigmático Sánchez-Mazas, de su asombrosa aventura de guerra, pero sólo para acabar descubriendo, en un quiebro inesperado, que el significado de esta historia se encuentra donde menos podía esperarlo, «porque uno no encuentra lo que busca, sino lo que la realidad le entrega».

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