Los libros de Canteli

30 enero 2010

“El juego del Angel” de Carlos Ruiz-Zafón

Filed under: 2010,Biblioteca,Ficción — www.danielcanteli.com @ 12:23
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“El retorno de la economía de la depresión y la crisis actual” de Paul Krugman

Filed under: 2010,Biblioteca,Ensayo — www.danielcanteli.com @ 12:20

18 enero 2010

“Los mares de Wang” de Gaby Martínez

Filed under: 2010,No ficción,Préstamo,Viajes — www.danielcanteli.com @ 22:19

8 enero 2010

“Anatomía de un instante” de Javier Cercas

Filed under: 2009,Biblioteca,Ensayo,No ficción,Uncategorized — www.danielcanteli.com @ 22:38

Extracto de “El País”

Cuando Javier Cercas, que es novelista de morfología obsesivo-compulsiva, empezó este libro no podía imaginar que iba a convertirse, después de varios años, en su mejor y más honda narración sin ser una novela, sin fabular nada, maniatándose: imaginando, eso sí, imaginando con la inteligencia madura de un gran escritor en plenitud y con la solvencia del historiador más escrupulosamente maniatado al dato y al documento. Y digo que no lo sabía porque lo que quiso hacer y el manuscrito que llegó a terminar dejó de ser de inmediato un manuscrito terminado, sin dar tiempo a la tentación de reconocerse como escritor en las cuatrocientas páginas escritas. Era una novela sobre hechos reales y en la novela la ficción se mueve con límites, sí, pero se mueve muy a sus anchas porque para eso es una ficción: inventaba un personaje medio espía medio testigo que fabricaba su relato del golpe de 1981 y las razones del golpe. Pero no valía: funcionaba, por supuesto que funcionaba, pero ni satisfacía la genuina exigencia de encajar una historia en una forma literaria única e insustituible, en la que nada sobre ni falte, como en los relatos de Borges o en las inmensas novelas de Vargas Llosa, ni cumplía con los deberes de la historia con la plenitud del buen historiador.

La perplejidad fue atronadora y epifánica porque tronó con la fecundidad espoleadora que suele escuchar en la conciencia el obsesivo-compulsivo: la novela no valía no porque fuese una mala novela sino porque reproducía la avería básica de otros relatos sobre el caso. La crónica de la preparación, maduración y ejecución del 23-F y, por tanto, de la estabilización y retracción de la democracia estaba narrada en los libros y en la conciencia de la sociedad española con los favores de la ficción, con el tiralíneas de casualidades imaginadas y de bulos convertidos en certezas, con la mano invisible de un novelista de imaginación tirando a pobre que necesitaba la coherencia explicativa para cerrar y dar sentido a un pedazo crítico de nuestra historia.

Nada de eso: este libro está febrilmente armado y construido precisamente para que nada quede en manos del novelista caprichoso que ha de dar sentido a lo que no lo tiene y ha de buscar secretas ataduras que pasteuricen la viscosidad de lo real en la historia. Sin ser una novela, es una lección magistral sobre lo que es y puede ser la novela en las letras internacionales del siglo XXI y es además, pero secundariamente, la versión que el siglo XXI va a interiorizar y normalizar del golpe de Estado del 23-F en España. A él le gusta decir que es un intento de contar el golpe del 23-F a los niños, pero eso es sólo una parte muy pequeña de la verdad porque los niños no entienden la complejidad de mentiras y razones enquistadas que mueven la conducta de los adultos en el presente (y en el futuro), de la misma manera que aspiran a que las cosas se entiendan y cuadren, y cuajen en versiones felices o infelices, como si la literatura hubiese de satisfacer la expectativa de orden que la realidad incumple. Y este libro está lejos de entregar eso, aunque su desafío más alto es hacer racional, moral y políticamente explicable la sucesión de avatares biográficos y circunstancias históricas que alimentan la placenta del golpe. Busca las sinrazones privadas y las razones históricas que dan lugar a un golpe donde hay tres golpes, que dan lugar a tres héroes de un instante, erguidos en sus escaños mientras el Parlamento es regado de metralla (Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado), y que dan lugar en fin a una crisálida histórica que funcionó como un sortilegio en la sociedad española para sacudirle la parálisis y el estupor (pero sólo cuando el golpe se acabó).

Su relato está trenzado de repeticiones y simetrías, de paralelismos y de agudísimas percepciones psicológicas, de interpretaciones justas y valientes y de imágenes visuales que contienen de algún modo la carga hipnótica y simbólica que atrapa, muda, momentos históricos completos, o nos atraen como síntesis irrenunciables de un tiempo. Una de ellas está en las conciencias de todos porque es la visualización de esos tres grandes tipos sentados en sus escaños, pero muchas otras no están a la vista, aunque salgan de la obsesiva reiteración con que Cercas vio y volvió a ver y siguió viendo una vez más el vídeo de treinta y tantos minutos grabado en los primeros momentos del golpe dentro del hemiciclo. La otra es la pasiva indulgencia con que los políticos demócratas de derechas y también de izquierdas reaccionaron ante las tentativas de acabar por la vía rápida con el caos que había traído la agonía política de Suárez, como si nadie se acordase del error de viejos liberales como Ortega o Marañón, como Baroja y Azorín, que también creyeron en un golpe de mano en 1936 como ahora podrían haber creído en algo semejante para detener la jauría del caos (y los muertos innumerables de la ETA de esos años) y así desplomar el desorden de Suárez, reponer el norte y el orden, y confiar en la transitoriedad pactada de una solución militar. El general Armada iba a estar en ese papel neutralizador del caos e iba a presidir el final del desorden teóricamente para devolver el poder a los políticos en cuanto nada amenazase la continuidad del orden: nada, aquí, quiere decir ni los muertos de ETA ni la agonía política de Suárez ni la codicia nacionalista. La placenta del golpe es la tesis fuerte de un libro que no tiene tesis alguna porque la crónica de las actividades del espionaje y de los distintos militares, la de la impaciencia y la juventud de los políticos socialistas, la de la madurez avanzada de los protagonistas de la guerra como Carrillo y Gutiérrez Mellado, o el sobrecogedor lustro que vive Suárez entre 1976 y 1981, ilumina fulminantemente el instante de debilidad que pudo ser fatal para retrasar unos cuantos años la estabilidad democrática en España. No me reprimo nada, porque mentiría como un bellaco por cobardía, por cálculo o por amistad, pero este libro es una obra maestra de la narrativa europea del siglo XXI.

Javier Cercas cree que la sociedad española está suficientemente madura como para enfrentarse a toda la verdad sobre el 23 F. Esto incluye la indagación en las reacciones y las acciones de los principales personajes, desde Adolfo Suárez hasta el Rey, pasando por la sociedad civil, el Ejército y toda la clase política. Es lo que ha hecho el escritor en su último libro Anatomía de un instante (Mondadori), presentado este jueves en el hotel Palace, justo en frente del Congreso de los Diputados, donde se vivió aquella noche fría y tensa.

“La verdad es la verdad. ¿Que si creo que este país está suficientemente maduro para soportarla? Pues sí. No creo que este libro vaya a provocar ninguna catástrofe”.

Pero habrá que esperar a las reacciones que su lectura provoque. Sobre todo en lugares como la Casa Real, donde ciertos hechos e interpretaciones relatados en el libro pueden resultar incómodos. En cuanto al papel de don Juan Carlos, Cercas es tajante: “El Rey no organizó el golpe, está claro, lo paró. Nadie podía pararlo si no era él, que tenía el poder de hacerlo. Pero eso no significa que tengamos que santificarlo. El Rey también se equivoca, e hizo cosas que no debería haber hecho. La verdad es que lo facilitó y en eso se equivocó, como se equivocó gran parte de la clase política”.

Cercas relata en el libro cómo el ambiente insoportable, “de depresión generalizada en todo el país”, que se vivió el año anterior al golpe fue lo que desencadenó que los militares culpables y los cabecillas -el teniente coronel Tejero, el general Armada y el teniente general Milans del Bosch- se vieran alentados para cometerlo.

“Nadie estuvo a la altura. Tampoco la sociedad civil. Muy pocos dieron la cara aquella noche. No hubo una reacción seria. Los golpistas hasta mucho después no comprendieron que nadie quería aquello. Como país no actuamos de manera brillante, ni estuvimos a gran altura. Fue un mal momento”.

“El deseo de acabar políticamente a toda costa con Suárez obsesionaba a todo el mundo, desde la oposición hasta al propio Rey”. Eso es lo que, según Cercas, da alas a los golpistas, y eso es lo que sin duda va a traer más polémica en los próximos meses.

El nuevo libro de Cercas es un cruce muy eficaz e insólito de géneros. De hecho, al principio el autor quería hacer una novela. Pero cuanto más se iba metiendo en la historia mejor se dio cuenta de que lo responsable era abandonar esa idea. “Hay muchas ficciones y muchas leyendas sobre el 23-F. Por eso yo decidí prescindir de la ficción. Mi trabajo ha sido como el de una asistenta, me he dedicado a limpiar la casa de falsedades, pero aún así seguirán existiendo leyendas sobre el 23-F”. Pese a que su empeño no ha sido, como cualquier experto en marketing desearía, contar toda la verdad y demás pamplinas, Cercas ha querido acercarse lo más posible a ella, aunque cree que es una tarea todavía difícil. “Ya no existen grandes enigmas sobre el 23-F. Lo digo después de haberlo leído todo y hablado con muchos de los protagonistas. Lo que quedan son zonas de sombra. No hay historiadores académicos que se hayan ocupado del golpe. La razón es que no existen documentos. Pero yo me he dedicado a mirar, a escuchar y a leer con atención. A fijarme en esas cosas que todo el mundo hemos visto pero que no hemos acertado todavía a interpretar”.

Entre todo lo que le ha servido para la investigación, resalta un documento: “La grabación de 35 minutos del asalto. Apenas hemos visto cinco segundos de manera repetitiva y reiterada, pero esos 35 minutos son algo alucinante y extraordinario. Uno de los grandes documentos de la historia de España. El libro parte de ahí”. Un momento en el que sólo tres diputados permanecieron sentados en sus escaños cuando tronaban los disparos en el techo del Congreso. “Lo normal era tirarse al suelo y no podemos juzgar a quienes lo hicieron, pero el gesto de aquellos tres personajes [Suárez, Gutiérrez-Mellado y Carrillo] fue algo simbólicamente extraordinario”. Tanto, que aquel rasgo heroico preocupó muchísimo los días posteriores a la clase política. “Ha habido determinados políticos importantes que, una vez pasado el golpe, se preguntaban ‘¿alguna vez nos van a preguntar esto?’ Creían que el hecho de que se tiraran al suelo lo iban a pagar electoralmente”.

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