Los libros de Canteli

9 marzo 2009

“El asombroso viaje de Pomponio Flato” de Eduardo Mendoza

Filed under: 2009,Biblioteca,Ficción — www.danielcanteli.com @ 14:35

Portada del libro.En el siglo I de nuestra era, Pomponio Flato viaja por los confines del Imperio romano en busca de unas aguas de efectos portentosos.El azar y la precariedad de su fortuna lo llevan a Nazaret, donde va a ser ejecutado el carpintero del pueblo, convicto del brutal asesinato de un rico ciudadano. Muy a su pesar, Pomponio se ve inmerso en la solución del crimen, contratado por el más extraordinario de los clientes: el hijo del carpintero, un niño candoroso y singular, convencido de la inocencia de su padre, hombre en apariencia pacífico y taciturno, que oculta, sin embargo, un gran secreto. Como en el Quijote se ponían en solfa los libros de caballería, aquí se ajustan las cuentas amuchas novelas de consumo, y se construye, almismo tiempo, una nueva modalidad del género más característico deEduardo Mendoza: la trama detectivesca original e irónica, que desemboca en una sátira literaria y en una desternillante creación de inagotable vitalidad novelesca.

ÁLVARO CORTINA

MADRID.- Eduardo Mendoza ideó una fórmula (feliz fórmula) a finales de los setenta y la ha venido repitiendo, regando con ella sus últimos veintitantos años de éxito editorial (todo para su ‘casa’ Seix Barral). Con Eduardo Mendoza la gente se ríe y lee al mismo tiempo, algo que no ocurre a menudo.

Las aventuras y pesquisas de sus estrambotes, delirantes, miserables, entrañables personajes alienados o alienígenas, narradas en primera persona, con un lenguaje plagado de arcaísmos, formalismos y retóricos prolegómenos, muchas veces completamente fuera de tono con respecto a las situaciones que describe, suele abundar en lo hilarante. Uno se descubre a sí mismo tronchándose en la página más insospechada disfrutando de esa cosa tan intrascendente y tan insuperable que es el humor.

A estas indagaciones desquiciadas de perdedores insustanciales se han aproximado otros contemporáneos como Vila-Matas o, de manera mucho más atenuada Trapiello (‘Los amigos del crimen perfecto’) , pero es quizá en Mendoza donde encuentran los ‘pringaos’ detectivescos su paradigma, su gran ejemplo.

Porque si Vila-Matas tiene propensión a la vanguardia, Mendoza insiste siempre en esa desmedida (y vacua) locuacidad que utilizan sus locos, que es puro humor, como de exhaustivo funcionario de las palabras, todo imbuido de una seriedad de informe a altas instancias burocráticas con un léxico cultista y postizo, que parece reírse en cada frase del mismo lenguaje. Todo en sus bobalicones personajes de picaresca es impostura y presunción verborréica, todo en Mendoza es caricatura, parodia.

Con ‘El asombroso viaje de Pomponio Flato’, Mendoza es sospechoso de parodiar la hoy recurrente novela histórica con la investigaciones policiales del ‘filosofastro’ Pomponio, narradas en forma de extensa misiva capitulada a su amigo Fabio.

Romano (de la orden ecuestre, como repite él mismo una y otra vez), apasionado y estudioso de la Naturaleza y de los griegos (si bien él mismo se lamenta de los tiempos que corren para el pensamiento (“…Atenas no es lo que era en tiempos gloriosos de Pericles. Hoy en día los preceptores en vez de inculcar sabiduría, sólo piensan en dar por el culo a sus discípulos”), hombre sometido a las flatulencias estomacales, Pomponio Flato anda por Nazaret cuando el carpintero José (sí, el de la Biblia, el de toda la vida) se ve acusado de asesinato de un prohombre local (Epulón).

Movido a la acción sabuesa por el dinero y la insistencia de Jesús, hijo de José (antes de que fuera Jesucristo), el antihéroe va recogiendo testimonios de toda la fauna de la ciudad: el mendigo Lázaro (“la pobreza es mi negocio y no soy negligente”), Filipo el griego, guaperas de curiosa identidad, Quadrato el legionario (el ‘poli’ duro), Apio Pulcro, el delegado de Roma (“es mi deber hacer cumplir la ley, no conocerla”) y dos mujeres, que a su modo, son estándares: Berenice, la pija guapa, a la que Pomponio se refiere como “Berenice, la de brazos cándidos”, o “Berenice, de pálida frente”; y la puta guapa, Zara, que es “Zara, la de hermosos tobillos”, de la que también dice que es “no exigua en formas”… él mismo termina siendo “fugaz recipientario” de su servicios. “Zara la samaritana”, la llama.

En esta novela, relato apócrifo de parte de la vida juvenil del Mesías, se describe un clima movido. Los judíos esperan a un salvador y se crean turbas clandestinas y movimientos subversivos. “Es la Tierra Prometida, amigo gentil. ¡La Tierra Prometida! Lo malo es que nadie sabe en qué consiste esa promesa ni cuándo se cumplirá”, le dicen a Pomponio Flato, pagano estudioso de Platón y de Aristóteles.

La confusión reina por las calles de Nazaret, pero aquí, como en Los Ángeles de Marlowe o en el Nueva York de Himes, los malos siguen siendo los poderosos. Pomponio además resulta ser el primer blasfemo contra Cristo, al que rechaza como niño “insoportable”. En cualquier caso toda la novela está imbuida de cierta disposición de los personajes a lo sobrenatural. Después de explicar parte de la trama criminal al mismo José, Flato el flatulento le pregunta si lo ha entendido, y José responde que no: “pero cosas más raras he tenido que dar por buenas a lo largo de mi vida”, dice el santo, cómicamente resignado ante el misterio del mundo (y de la Revelación).

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